(BILBAO).

Imaginamos que para quienes vivís en la península Ibérica está siendo un verano duro por el exceso de calor. ¡Hasta en Bilbao está habiendo días (y noches) más que sofocantes! El cambio climático (la emergencia climática sería más adecuado) está aquí, amigas, aunque hay quien mira para otro lado o diga que siempre ha hecho calor. ¡Ja! Desde hace décadas multitud de voces están alertando de una tendencia que parecía lejana pero que ya está afectando a la vida de miles de personas. Y no solo por el calor.

El cambio climático mata. Sí, por las olas de calor, pero también por la nueva generación de incendios, por las danas, etcétera.

El cambio climático destruye formas de vida. Alteraciones pluviométricas, alza en la temperatura de los mares y océanos, etcétera.

El cambio climático provoca desplazamientos. Muchas de las migraciones tienen que ver con razones climáticas y muchas migraciones acaban en muertes.

El cambio climático arrolla con hábitats. Decenas de islas del Pacífico y el Caribe han desaparecido.

Etcétera.

El auge de gobiernos de extrema derecha lleva aparejado un auge de políticas, más que negacionistas, aceleradoras. Pura mecha. La quema de combustibles fósiles no para y el replanteamiento de modos de producción y consumo en las políticas públicas ni está ni se le espera.

Pensar en la naturaleza como un reservorio de bienes de consumo inagotables en lugar de como bienes comunes esconde una visión política individualista, egoísta y asesina. Sí, asesina. Suena duro, pero así es. La emergencia climática está matando mientras partidos negacionistas asumen gobiernos, empresas transnacionales se dedican al marketing y la ciudadanía trata de entender qué hacer. Mirar para otro lado ya no sirve.