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Cada uno es cada uno y entre todos somos nosotros

26/02/2008. (LIMA, PERÚ).
- Y vos, ¿de dónde sos, amigo? , me espetó un taxista de Lima al minuto de embarcarme en su auto.
-Mi hogar es el momento actual y nada más. Pero vengo de Burgos, al norte de España.
- ¿Se considera español?
- (En silencio, pensé: Me considero como Ulises, que cuando el cíclope le pregunta quién es, contesta: Yo soy nadie. Soy un hombre sin etiquetas. No tengo bandera, no tengo dueño, no tengo dios, no tengo fronteras. No tengo nada. Yo soy yo, pero tengo zapatos y mis zapatos se apoyan en la tierra. Yo soy de donde son mis zapatos. Tengo usos y costumbres, tengo una hermana y a mis padres, tengo amigos, tengo muchos sueños y mi equipaje en su maletero. Ésa es mi patria). Claro, por qué no, respondí buscando un hueco entre el ruido del motor.
- ¿Y cuál es el orgullo de ser español?
- Complicado. ¿Debería haber un orgullo?
- El castellano, sin duda. Usted y yo quizá no tengamos nada en común, pero nos entendemos. Eso no se compra y ustedes nos lo enseñaron.

Me gustan las personas que trabajan en algo más grande que ellas mismas. Los taxistas como Juancho que, humildes, sin saber de Ulises ni de sueños quebrados, saben de la vida. Personas que regalan lecciones en gestos cotidianos. Es mucho más importante mantener una opinión razonable sobre cosas útiles que saber con exactitud cosas inútiles. Lo dijo Isócrates, que tampoco era taxista.
Origami. El secreto de transmitir con papel M

Origami. El secreto de transmitir con papel

24/02/2008. Cerca de la paciencia, es como una primera cita con la cultura japonesa. Se trata de una mezcla de juego y diversión, pero con algo de ciencia y de terapia individual. Llámese origami o papiroflexia. mundo desplazados.org Origami. El secreto de transmitir con papel (La Razón-Escape, 24-02-08, Bolivia)

Soledad acompañada

17/02/2008. (LA PAZ, BOLIVIA). No es la primera vez. Tenía nombre (Takahiro) y apellido (Fujinuma), tenía la nacionalidad japonesa, 37 cortos y largos años, tenía teléfono y minutos más que sobra. Tenía ganas de todo, incluso de tragarse la vida a sorbos. Por tener, tenía hasta soledad. Tanta, que entre junio y noviembre telefoneó más de 2.600 veces al número de informaciones de NTT, compañía nipona de telecomuniaciones. Quiso matar al tiempo y las realizó una a una, dígito tras dígito, cual hojas otoñales desprendiéndose lentamente de sus ramas. Fujinuma no pasaba las horas, las sufría todas. La ausencia es, y tanto, que a veces llega a la desolación. Lo dejó escrito Heidegel, quien no tuvo tiempo de conocer a Fujinuma pero coincidiría en que no es posible mayor felicidad que la soledad acompañada. Takahiro Fujinuma pedía un amigo. El periodismo le regaló unas desalmadas líneas. La Policía nipona le detuvo. Debería ser la última.

La Paz

11/02/2008. (LA PAZ, BOLIVIA). La Paz no será nunca otra ciudad que no sea La Paz. Sin igual mezcolanza de lo moderno y ancestral, de lo occidental e indígena, no sabe de tiempos o los sabe a su manera. En La Paz, para entender, no es necesario hablar. Hay que mirar (para arriba) y escuchar (hacia abajo). Que vista el cielo de un azul incontestable susurra aguas torrenciales. Que el pueblo pide la Luna, quizá sea porque la necesita. Ahora que el Norte se ha apropiado del derecho de definir el mundo, La Paz es el alto caos más absoluto. La gran pregunta es si es bueno vivir siempre milimetrados. En la continuidad de las plazas, a las nunca menos cuarto, La Paz se recuerda a la llama que arde toda una noche: No es la misma pero tampoco es otra. Con su hoja de coca, con su ahorita no más, con su aquel, su harto te quiero, su carne de llama y su volcán Illimani... La Paz es distinta. Tan lejos y tan cerca, hoy regreso en trufi.
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Buen Camino

08/02/2008. Fue ayer, pero podría haber sido cualquier semana de cualquier mes de cualquiera de aquellos últimos años. Las palabras son así; van y vuelven, y van y vuelven, y vuelven y van. Al final de la fatiga, he decidido andar con ellas de la mano. Con las más poetas y campesinas; que tengan la cabeza en las nubes y los pies en la tierra. La única ruta es la que marquen las líneas de esta bitácora, que será lo que las palabras pidan excepto Periodismo con sabor a coca-cola y vestido de pingüino (léase de Sujeto-Verbo-Predicado). Los paseos serán breves (el arte de escribir es el arte de acortar) y con una periodicidad muy fija: Un instante colgado entre el día y la noche. Porque siguen haciendo falta soñadores. Buen Camino.
Jairo Marcos